MICRODERMOABRASIÓN

Da un aspecto saludable tu rostro!

La cara es nuestra carta de presentación, lo primero que se ve de nosotros, y es por eso que es muy importante que la mantengamos cuidada. El rostro refleja no sólo nuestro estado anímico y físico (cansancio, estrés, poco descanso, un ritmo frenético de vida se intuye siempre en la cara), sino que también define nuestra edad, nuestro estilo de vida.

Además, debemos ser conscientes de que la piel del rostro es la que más sufre por la continua exposición al sol, a la contaminación y a la suciedad y es particularmente más sensible que la del resto del cuerpo. Existen diversos tratamiento para mejorar la piel del rostro y una forma perfecta de ir manteniéndola con un aspecto saludable es realizarse una microdermoabrasión ocasionalmente.

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¿Qué es la Microdermoabrasión?

La microdermoabrasión es un procedimiento médico estético que sirve para mejorar el aspecto de la piel, dando como resultado una tez con una apariencia más joven, más luminosa y devolviéndole firmeza y elasticidad.

La microdermoabrasión es una exfoliación suave que hace que la piel muerta se desprenda, se retiren las células muertas, y es un tratamiento mucho menos agresivo que un peeling químico pero con resultados muy similares. Se realiza con un instrumento de tamaño reducido, con cabezales intercambiables que rotan y que efectúan un barrido por la capa externa de la epidermis, eliminando células muertas y regenerando la parte más expuesta al sol.

Beneficios de la Microdermoabrasión

Tras la microdermoabrasión la piel del rostro luce mucho más luminosa y gracias al suave peeling se consigue reducir los signos superficiales de envejecimiento, es decir se puede lograr disminuir las líneas de expresión y las pequeñas arrugas, así como los daños causados por el sol, como las manchas.

Acabar con la hiperpigmentación será otro de los beneficios que podemos obtener y también reducir notoriamente los poros de la piel excesivamente dilatados.

Gracias al aumento de circulación sanguínea en el rostro, se producirá más colágeno de forma natural y ganaremos elasticidad perdida.

La microdermoabrasión es una técnica no invasiva por lo que resulta un procedimiento muy seguro y apenas presenta complicaciones, aunque hay que valorar los efectos secundarios que pueden aparecer y saber si son normales o no.

Tras realizar una microdermoabrasión, la zona tratada puede presentar irritación, enrojecimiento, sequedad transitoria e incluso molestias o un ligero oscurecimiento de la piel.

Se pueden realizar una microdermoabrasión aquellas personas que padecen dermatitis seborreica pero nunca teniendo un brote en activo. Por otro lado, está contraindicado para las personas que padecen acné rosácea, infecciones contagiosas o herpes, también para quienes sufren hipersensibilidad en la piel. Tampoco se puede realizar una dermoabrasiones si se tiene alguna quemadura sin cicatrizar o alguna herida sin cerrar en la zona a tratar.

Como hemos destacado, una microdermoabrasión realizada de forma correcta por personal cualificado es completamente segura y ofrece muchos más beneficios que riesgos.

Para poder someterte a una microdermoabrasión no sólo has de cuidarla de forma particular los días posteriores a la sesión, sino también los precedentes, deberás preparate para poder realizarte la exfoliación:

  • Evitar la exposición al sol directa, al menos una semana antes de realizarte la sesión, usando un protector solar si es necesario.
  • Suspender el consumo de determinados fármacos: los que contengan aspirina o ácido salicílico particularmente. Así como otros medicamentos contra el acné.
  • Tampoco se puede usar cera de depilar, peelings químicos, ni realizarse un tratamiento que implique una infiltración en las dos semanas anteriores. También se recomienda no fumar la semana anterior.

Tras el tratamiento y al haber eliminado piel y celulas muertas, la piel está más reactiva y sensible, por eso hay que cuidarla con mucha precaución para que los resultados sean satisfactorios. Se debe evitar usar maquillaje y lavarse la cara con agua caliente. Además, hay que utilizar un protector solar y no exponerse directamente a los rayos de sol.

Lo habitual es entre 4 y 8 sesiones, y se suelen espaciar cada 15 días o una vez al mes.



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